Cambiar el mundo siempre ha sonado a utopía, a un acto alcanzable tan sólo por líderes mundiales o figuras internacionales. “Cambiar el mundo”tiene un significado distintopara cada persona, pero lo cierto es que siempre tendemos a magnificar esta idea, pensando que este cambio conlleva tener un estatus de poder muy alto. Si bien es cierto que, cuanta más influencia y repercusión mediática se tenga, más fácil es hacer llegar una idea para motivar un cambio, no necesariamente es imprescindible poseer un cargo en instituciones de alto nivel para ello, a diferencia de como se suele pensar.

Cambiar el mundo, para mí, tiene que ver con entender primero cómo funciona éste, con estar informado y ser capaz de analizar y comprender qué ocurre tanto dentro como fuera de nuestro país. Con ser capaz de ser imparcial, objetivo, justo y de anteponer el valor humano a cualquier otro. No hay que olvidar que el mundo es el conjunto de todos los seres humanos por igual y, si no tenemos este fundamental aspecto en cuenta, los cambios que logremos no serán realmente para el mundo. Por lo tanto, un cambio en el mundo debe venir motivado por un cambio de mentalidad y actitud en las personas.

Esto implica conseguir implantar en la sociedad valores como la empatía, la tolerancia y la reflexión personal como método para alcanzar un verdadero juicio crítico. Hay muchas herramientas para ello, pero destacaría la educación como el medio más primordial para lograr esto. Como dijo Nelson Mandela, “La educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo”. Tan sólo con una buena base conseguiremos poner en pie los cimientos de un mundo mejor, de construir hacia el progreso, el respeto y la completa implantación de los Derechos Humanos.

Pero el mundo no se cambia tan sólo a través de herramientas como la educación o  los medios de comunicación. Incluso acciones tan cotidianas como tomarse una copa o tener una cena familiar pueden ampliar nuestra mente muchísimo más de lo que podamos llegar a imaginar. Si queremos desarrollar nuestra empatía y acrecentar nuestro juicio crítico, tenemos que intercambiar opiniones de todo aquello que nos preocupa con personas de nuestro alrededor, sobre todo si tienen una opinión diferente. Esto nos ayudará a ser más capaces de hallar un punto medio como solución al enfrentamiento entre dos posturas.

Para visualizar esto último, tan sólo es necesario observar cómo se suele debatir y qué idea de debate se tiene por lo general en el imaginario colectivo. En un debate, se sobreentiende que siempre debe haber un ganador y un perdedor, cuando no debería ser así. Un debate debería enriquecer intelectualmente a las personas involucradas en el mismo. No tendría por qué ser un problema ceder la razón en un momento dado y adquirir conocimientos y puntos de vista nuevos. El problema, en todo caso, es que no se adquiera información nueva y se ponga mayor precio a poseer una efímera “razón” antes que a poseer conocimientos.

Solamente cambiando la forma de afrontar un debate, enfocándolo para conseguir un beneficio mutuo de  información entre las personas, mejoraría la empatía, tolerancia y juicio crítico de la sociedad. Y, este cambio, podría dar lugar al desarrollo de una nueva forma de vivir que, posiblemente, traería consigo soluciones a los problemas que nosasolan.

Con todo lo dicho, quiero dar a entender que una figura mundial no puede cambiar el mundo por sí misma. Puede iniciar y difundir un cambio de mentalidad, pero sólo cuando realmente se implante una nueva forma de pensar y actuar en la sociedad, será cuando un cambio en la forma de vivir, de trabajar, de producir energía, de hacer política, llegue para hacer de éste un mundo mejor.

El cambio debe empezar dentro de cada una de las personas, buscando siempre lo mejor para todos los seres humanos.

Escrito por Karim Hallal Peche – Campus89