Desde que el mundo fue testigo del conocido como “despertar árabe”, a principios de 2011, se han sucedido una serie de importantes acontecimientos en la región del Magreb y Oriente Medio. Se han observado grandes transformaciones, tanto en temas sociales como políticos; también se ha podido comprobar, a lo largo de los últimos años, como las demandas de la población y las reformas pendientes no se han podido atender desde el poder de esos Estados para llevar a cabo políticas concretas y, consecuentemente, la formación de un buen gobierno.

Una de las primeras debilidades que se va a analizar es la gran falta de integración regional ante el auge y presencia de conflictos, tanto en la zona del Magreb como en el Oriente Medio. Oriente Medio se convierte cada vez más en una región con múltiples focos de inestabilidad y con una creciente tendencia al desarrollo y perpetuación de los conflictos, con un inmenso malestar social y grandes turbulencias políticas. Estos conflictos y guerras que se suceden en la región, aparte de afectar a la misma en el plano interno -al impedir su desarrollo en casi todos los ámbitos, políticos, sociales, económicos…-, ralentiza todo el crecimiento que se podría llevar a cabo. Esto se debe a que, consecuentemente, afecta su situación a su imagen exterior, dándola a conocer cada vez más como una región conflictiva, incapaz de cooperar para la consecución de la paz, incrementando la desestabilización de la región, convirtiéndose en insegura y poco atractiva para las inversiones extranjeras.

Esto se ha observado, por ejemplo, en Irán y en su programa nuclear, puesto que este Estado ha recibido una serie de sanciones, que han producido pérdidas por valor de 100.000 millones de dólares en inversiones extranjeras que no se realizan, así como en crudo que no se vende. En la reunión del julio de 2015 por el G5+1 (Estados Unidos, Reino Unido, Rusia, China y Francia más Alemania) se alcanzó un acuerdo con Irán: se levantarían las sanciones internacionales, que no dejan respirar a la economía del país. No obstante, el único fin real es controlar las actividades nucleares de Irán, para que no pueda llegar a desarrollar un arma atómica.

Otro de los grandes problemas que está dominando la región es el terrorismo yihadista del Estado Islámico o DAESH, el cual se ha reforzado el pasado año como el principal actor, completamente letal y con una gran capacidad de reclutamiento. Su capacidad de reclutamiento cuenta con un gran despliegue de propaganda mediante la elaboración de vídeos, que muestran su propia percepción de la realidad, así como la propaganda del terror que hace posible el sometimiento de una población entera. Su guerra produce una gran cantidad de muertos, refugiados y desplazados, afectando tanto al plano interno de la región como al internacional, siendo Europa una de las primeras afectadas.

Este conflicto ha demostrado que la cooperación entre los países del Magreb y el Oriente Medio está en crisis, incapaces de formarse como una única fuerza eficiente ante el Estado Islámico para la consecución de la paz; está mermando el proceso para llevar a cabo políticas concretas para la resolución de conflictos y se presentan cada vez más dificultades para formar una coalición sólida y eficaz, capaz de combatir al Estado Islámico y parar definitivamente el reclutamiento que está llevando a cabo y lo que alimenta sus fuerza y su poder. Este conflicto hace tambalear a toda la región en su conjunto, ya que no solo afecta a los países de Oriente Medio, sino que nos encontramos ante la acentuación de la amenaza del terrorismo yihadista al norte de Nigeria con el grave y peligroso redimensionamiento de Boko Haram.

Pero hay muchos más conflictos presentes que aumentan la desestabilización regional, como el conflicto israelí-palestino, con el presente enfrentamiento bélico en la Franja de Gaza, entre Israel y Hamás. Este conflicto es el que más afecta a la unión y posible consecución en el mundo árabe por todas las diferencias que se presentan entre los países. Sin embargo, no es este conflicto aislado el que afecta a la formación de una fuerte coalición y cooperación en esta gran región, ya que también está presente el conflicto no resuelto del Sáhara Occidental: Argelia y Marruecos siguen en crisis en lo que respecta a sus relaciones bilaterales, incapaces de llevar a cabo un consenso. Por lo tanto y para acabar este punto, la continuación y el agravamiento de los conflictos internos se presenta como la principal causa de la desestabilización regional.

La segunda debilidad que se va a desarrollar es el empeoramiento de la posición de la región en los indicadores de desarrollo. La gran parte de los países han visto como descendían de posición en los principales indicadores de desarrollo conforme pasaban los años. Solo unos poco han visto como su situación mejoraba, sobre todo el en ámbito económico, como el ejemplo de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Qatar… Estos Estados son grandes productores y exportadores de petróleo, situados en una región fértil en cuanto a petróleo. Han visto cómo sus ingresos aumentaban exponencialmente cada año que pasaba, y lo han aprovechado, invirtiendo en su propio país, revolucionando el mundo de la arquitectura y el de las aerolíneas de primera, convirtiéndose en el centro del lujo, construyendo grandes estadios, atrayendo celebridades, así como construyendo una excelente imagen exterior.

Existe otro gran factor que mide el bienestar social como el índice del desarrollo humano, los países “ricos” del Oriente Medio han aumentado su índice pero de una manera casi imperceptible, ya que las zonas rurales se han dejado casi abandonadas en todos los países formantes de la región. Aunque hayan creado empleo para llevar a cabo su construcción de grandes rascacielos en sus ciudades futuristas, sus trabajadores viven en una situación de casi semiesclavitud laboral: son algunos de los países con más desigualdad en su interior. En lo que respecta al cumplimiento de los derechos humanos, se puede decir que no son conocidos globalmente por apoyar a esa causa. En cuanto a las desigualdades de género, el empoderamiento de la mujer aún no se ha podido llevar a cabo y ésta ocupa una posición bastante inferior a la del hombre, lo que ciertas teorías han determinado como causa directa a la ralentización del crecimiento de la economía y el desarrollo de sus sociedades.

Por su parte los países del norte de África (Marruecos, Argelia, Túnez, Libia y Mauritania) presentan un bajo crecimiento económico, mientras que el crecimiento demográfico va aumentando, presentan altas tasas de analfabetismo, sobre todo concentradas en las zonas rurales y prácticamente todos los países ocupan puestos muy bajos en los índices de desarrollo humano, por ejemplo, Libia ha pasado de 0.641 en 1980 a 0.40 en 2013, al igual que Marruecos que ha bajado de un 1.37 en 1990-2000 a 1.23 en 2013.

Escrito por Celia Keller Martínez